viernes, 8 de marzo de 2013

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A-PU-RA-TE

viernes, 1 de marzo de 2013

Un estante con una rama de árbol

Hoy inauguramos una nueva categoría de posts: Ideas. Vamos a darte ideas de cosas que podés hacer vos mismo en tu casa con tus propias manos. ;)




Muchas veces vemos muebles o complementos decorativos que nos gustan pero que son demasiado caros. Sin embargo otras muchas veces nos damos cuenta de que para conseguir un rincón con encanto no tiene por qué ser necesario gastar mucho dinero. De hecho hay un montón de propuestas decorativas sin costo y todas las que aún están por salir de nuestra imaginación.

Sin ir más lejos hoy nos encontramos con una propuesta excelente a nivel decorativo y realmente barata. La idea consiste en elegir una rama de árbol que se pueda adaptar a la función de estante, no servirá para colocar cosas de gran tamaño, pero sí algunos objetos personales con los que adornar.



Encontrar la rama no será nada complicado si tenemos cerca de casa algún bosque. En fin de semana la de buscar la rama puede ser la excusa excelente para salir de paseo. Habrá que elegir bien la rama, del tamaño adecuado, tanto en longitud como en diámetro de su sección y de la forma adecuada para que el resultado sea perfecto.

Una vez en casa deberemos asegurarnos de que la rama esté bien limpia y seca antes de proceder a colocarla en la pared. Hará falta un taladro y un poco de maña para colocar los enganches correspondientes, pero no nos llevará mucho tiempo. Cuando la rama esté ya en la pared solo habrá que buscar algunos adornitos para colocar en ella y que así la pared nos quede realmente decorada.

Vía | Trend Hunter
Más información | Honest to Nod
En Decoesfera | Una estantería con forma de rama de árbol

jueves, 8 de noviembre de 2012

Cita en Bici

Ilustración a cargo de Belén Segarra


 
 

Mi nombre es Chantal Christine, soy relaciones públicas del Hotel Crillon y me gusta el color rojo. Rojo en las paredes, rojos los vestidos, rojo el tiempo, atardeceres, labios rojos.

París es rara. En mi bicicleta recorro sus calles con la intención de tropezarme y caer encima de algún poeta, de algún ave, de alguna luciérnaga encendida que me dé paz y una vida diferente. Quiero apartarme por un momento de los grados y las leyes de gravedad, enamorarme y comprender el mundo con una mano diferente a la mía.

Todos los jueves, después de refugiarme en algún libro de segunda mano, visito la Opera Garnier. Me dejo llevar por algún Dios y resucito en el mismo instante: notas y tranquilidad, autoafirmación y corcheas en un mismo trago... Siempre he querido tocar el violín, siempre he querido crear belleza para otros, desnudarme, quedarme dentro y salir en forma de mecanismo roto, quizá suspiro, sí… en forma de suspiro me vale.